miércoles

Ante el anuncio de las fotos, apareció el caballo peruano de RS

Tincho se topa con un caballo falso. Rodolfo, desesperado, habla con el verdadero y le recomienda que atienda a la prensa. Finalmente, están frente a frente Tincho y el caballo peruano de RS. Sensacional! Nunca visto !

Sin lugar a dudas, aquella tarde tenía guardada una de las experiencias profesionales más impactantes que como cronista me ha tocado cubrir.
Sabía perfectamente que no habría otra oportunidad, tantos avatares y obstáculos salvados desde que la noticia había explotado en miles de redacciones, primero como un simple comentario inofensivo, pueril si se quiere, luego los pasillos comenzaron a inundarse de voces, que por lo bajo, le daban una connotación cuasi-secreta, para entonces convertirse con el correr de los días en “el tema” del que todo mundo hablaba, preguntaba, indagaba hasta el hartazgo…y no era para menos, por los personajes que involucraba, por lo inverosímil de la relación y los alcances regionales e internacionales que esta trama enmarañada y compleja dejaba vislumbrar…
Y allí estaba yo…y allí estaba él…el mismísimo Fidel Ormeño de Oblitas Tocornal, (a) Chumpitaz…para revelar todo…o morir en el intento…


Ansiedad y tensión
Cualquiera podría describir cómo la ansiedad y la tensión del momento nos envolvía hasta ahogarnos cual bruma densa y espesa del Támesis en aquellas frías, oscuras y húmedas noches otoñales que tantas veces recreara Sir Arthur Conan Doyle en su ya inmortal Sherlock Holmes, cualquiera podría describirlo, menos yo, que jamás leí un solo libro del escosés y mucho menos del patético detective…
El parral que circunstancialmente nos cobijaba del sol abrasador del mediodía chacarero, nos brindaba no sólo su sombra y reparo solidario, nos daba también un marco cordial, amistoso y folcklórico, como sitio de reunión de la paisanada…donde tantas veces se prestó para largas mateadas con torta fritas, donde nunca faltó una guitarra, donde un tinto “patero” extendió la madrugada hasta el alba entre payadas, cuecas y alguna zamba sureña…
Piso de tierra emparejado, con ese aroma especial del regado a mano y luego barrido, …pa’que refresque y no levanten polvareda estos bicho’e porquería…- nos relataba Doña Edelmira, mientras se refería a ese mar de pollitos, polluelos y gallináceos mayores que como tromba arremetían desde el portal del gallinero…-; mesón de madera, de corteza de álamo, prolijamente lijado y engomado, con un sinfín de cicatrices de facones que alguna vez apuraron un churrasco a la parrilla, una cabrilla al asador o un lechoncito al horno’e barro…y alrededor de la misma unos simpáticos tronquitos de entre 50 y 60 centímetros, cortados a sierra, como últimos vestigios de aquel viejo sauce llorón que sacrificaron luego de que la terrible tormenta del año ’74 le asestara su rayo brutal y trapero, dejándolo herido de muerte…

Relinchos que preanuncian algo raro

Me acomodé como pude, reconozco algo trémulo, pero seguro y tranquilo…lo miré fijo a los ojos, me llamo la atención su demora para sentarse o al menos para adoptar una posición que lo mantuviera relajado y cómodo durante la entrevista…imaginé que era parte de su estrategia, como el round “de estudio” de los boxeadores, y cuando ya me disponía a abrir el fuego, noto un movimiento extraño en la tropilla, voces que se entremezclan, algún relincho fuera de tono, se va abriendo la caballada y desde el fondo aparece un ejemplar de similares características que Chumpitaz, pero de mejor alzada, porte y elegancia, su tonalidad negra azabache, tan brillante que encandila, se combina con sus ojos rojos como brasas…no camina, se desliza hacia mí…sus ayudantes le desprenden el sacón turquesa con fino broderie bordado con hilos plateados y dorados y en el centro, impactante, el escudo de familia, una finísima filigrana, todo seda, todo un lujo…sin dudas…toda la alcurnia y alta escuela peruana desplegada ante mis asombrados e incrédulos ojos terrenales…
Sepa usted disculpar – se apresuró en aclarar uno de sus segundos – entendemos que esté confundido y hasta molesto, pero le hemos de explicar en detalle – continuó este personaje, de quijada amplia, largas orejas, peinado engominado pero mal cortado, de gafas negras y cuadrangulares, algo anticuadas, traje marrón fuera de época, camisa blanca de puños muy gastados y amarillentos y corbata muy ajustada que no combinaba, no ya con el traje, sino con nada de los alrededores…-
Permítame presentarme – continuó verborragico y a esta altura cansador – soy Armesio Marthineitz de Cuneo Libarona, abogado, escribano, asesor letrado y representante legal del Señor… - nervioso y asustado, no sabía como continuar…- bueno, el Señor le explicará…
Creo innecesario aclarar que se trataba de un burro, por lo menos en el aspecto físico, pero ya empezaba a sospechar que también desde lo intelectual….
Tome asiento señor periodista y sepa disculpar el malentendido – con voz grave y filosa se dirigió hacia mi le nueva perla peruana – por ahora le alcanzará con llamarme Escondido, y sí, fui yo quien lo citó, tenemos mucho de que hablar…
Petrificado, obnubilado y extasiado me quedé observándolo por largo rato…nunca, jamás olvidaré esos momentos, como así tampoco las vivencias que desde allí surgieron…y se los voy a relatar, desde ya…


(Continuará)

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